El pasaje evangélico que inspira el misterio de Nuestro Padre Jesús de la Abnegación se encuentra en Mateo 27, 24-26, donde se narra la condena de Jesús a la crucifixión y la entrega de Barrabás.
En este texto, Pilatos, reconociendo la inocencia de Jesús, se lava las manos delante del pueblo, diciendo:
“¡Inocente soy de la sangre de este justo! Vosotros veréis”.
Y el pueblo responde:
“¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”.
Este momento constituye el eje teológico de la escena representada en el paso de misterio.
El sentido teológico se centra en mostrar la obediencia y la entrega total de Cristo frente a la injusticia. Cada figura del paso —desde el romano que abre camino hasta Claudia Prócula, que llora la condena de un inocente— ilustra las diferentes actitudes humanas ante el sacrificio redentor: la indiferencia, la incomprensión, el rechazo o la compasión. De este modo, la escena se convierte en una auténtica catequesis visual que interpela al fiel y lo invita a reflexionar sobre su propia respuesta ante Cristo.
El mensaje espiritual que se transmite a los devotos es una llamada a vivir con espíritu de abnegación, siguiendo el ejemplo de Jesús que se entrega por amor. La contemplación del misterio no solo fortalece la devoción al Señor de la Abnegación, sino que impulsa a los hermanos y fieles a traducir su fe en obras concretas de paciencia, justicia y servicio generoso a los demás.